Centro de Estudios Superiores Navales

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Justificación  

 

Justificación

Difundir y justificar la importancia de la historia marítima y naval en la historia de México, constituye una meta de gran importancia para la Secretaría de Marina, sobre todo en un país que históricamente se ha caracterizado por poseer una visión del altiplano con escasa tradición naval y marítima. Sin embargo, para explicar la importancia que reviste el mar para la historia nacional; es necesario en primer lugar partir de los orígenes del problema; es decir responder a la pregunta de ¿qué es la historia? y por qué y para qué se rescata, se ordena y se busca explicar el pasado.

Para algunos, la pregunta puede parecer superflua. Sin embargo, cuando intentamos contestar a la pregunta de qué es la historia nuestra respuesta, consciente o inconscientemente, refleja nuestra posición en el tiempo, y forma parte de una respuesta a la pregunta más amplia de qué idea hemos de formarnos de la sociedad en que vivimos. No obstante, es conveniente, ante todo, que comencemos por el principio, es decir, preguntándonos ¿cuando apareció la historia? La historia como ciencia es relativamente reciente; sin embargo, la inquietud del hombre por entender el mundo que le rodea, apareció desde tiempos muy remotos, cuando comienza a pensar en el transcurso del tiempo ya no en función de los procesos de los fenómenos naturales (ciclo de estaciones, lapso de la vida humana), sino en función de una serie de acontecimientos específicos en que se halla comprometido conscientemente y en los que puede influir. Como diría Burckhardt: “la historia es la ruptura con la naturaleza causada por el despertar de la conciencia”. Pero, para que la historia se convirtiera en ciencia hubo de transcurrir un buen tiempo, hasta que las ciencias sociales a finales del siglo XIX pudieron alcanzar dicha categoría con base a la utilización del método científico.

A partir de ahí, surgieron diversas corrientes para interpretar los hechos históricos: el positivismo, historicismo, materialismo histórico, estructuralismo, funcionalismo, etc. Visto así, podemos concluir entonces que la historia apareció desde tiempos muy lejanos como una necesidad del hombre por conocer el pasado. Y aquí nos enlazamos con la parte esencial del problema y que de alguna forma nos remite a la contestación de qué es la historia, al plantearnos por qué el hombre históricamente hablando, se ha interesado en conocer el pasado. Son muchas las definiciones de la historia, sin embargo, en términos generales se ha aceptado que “la historia es un proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado”. Luego entonces, se concluye que existe una interdependencia entre presente y pasado. A este respecto, conviene precisar que el estudio del pasado sólo es válido a la luz del presente; porque a partir de el, podemos sensibilizarnos ante las circunstancias que nos han tocado vivir. Y en este contexto, y al decir de Croce: “toda la historia es historia contemporánea” porque la historia es la larga lucha del hombre, mediante el ejercicio de su razón, por comprender el mundo que le rodea y poder actuar sobre él.

Sin embargo, hoy como nunca antes en la historia de la humanidad, el hombre del siglo XXI se propone no sólo comprender sino también modificar, no sólo el mundo circundante, sino también a sí mismo. Y esto ha añadido, por así decirlo, una nueva dimensión a la razón y una nueva dimensión a la historia.

La época actual es de todas, la que más se ha ocupado de la historia y la que más ha pensado en términos históricos. La razón se encuentra en que el mundo esta cambiando más rápido y más radicalmente que en cualquier otro período de los últimos quinientos años. La globalización, la regionalización y otros fenómenos asociados con la seguridad de los países, así como el avance del terrorismo, particularmente desde los acontecimientos del 11 de septiembre del 2001, plantean nuevos escenarios donde la hegemonía de los Estados Unidos ha sido vulnerada y aparecen nuevas coaliciones entre los países. Todos estos fenómenos, están produciendo cambios importantes en las sociedades del siglo XXI, en donde muchos países pueden quedar rezagados o postergados en el avance general.

El hombre de hoy esta consciente de sí mismo, y por tanto de su historia, como nunca lo hizo antes. Para él, su pasado, presente y futuro están vinculados en la interminable cadena de la historia. Por ello, la historia no es un conocimiento acabado, siempre está en continua reconstrucción y reelaboración conforme a las necesidades de cada época. El historiador pertenece a su tiempo y está vinculado a el, por las condiciones de la existencia humana y cuanto más consciente esta de su propia situación, más capaz es de trascenderla y mejor armado esta para aquilatar las diferencias entre presente y pasado, así como de las diferencias entre su sociedad y la de otros periodos históricos. Sin embargo, justo es decir, que la historia no permite predecir el futuro como tanto se le ha atribuido, pero si nos sensibiliza ante el complejo de circunstancias que rodea a cualquier proceso histórico y poder así tomar en cuenta todos los elementos para juzgar el presente en su justa dimensión.

¿Por qué aseveramos que la historia no puede predecir el futuro? porque la historia no puede controlar lo específico de los hechos humanos y en este sentido, la clave del problema reside en la distinción entre lo general y lo específico. El historiador establece tras el análisis del pasado, una serie de explicaciones que nos ayudan a entender el tiempo presente y puede a partir de dicho análisis, hacer una serie de generalizaciones hacia el futuro, aportando únicamente orientaciones generales, no predicciones específicas, aunque dichas orientaciones no pierden su validez y utilidad. La limitante como ya se señaló reside en que el historiador no puede pronosticar acontecimientos específicos, porque lo específico es peculiar, único y en el intervienen elementos accidentales que no se pueden prever. Sin embargo, esto no significa que las inferencias deducidas de la historia acerca del futuro carezcan de utilidad, o dejen de tener validez ya que el estudio de la historia como cualquier disciplina se realiza a través de una metodología que permite otorgarle la racionalidad científica que la justifique como conocimiento verdadero y esa es la tarea de los historiadores.

Importancia de la historia de la Armada de México en la historia nacional

Resulta natural que los grandes cambios sufridos por nuestro país en las últimas décadas hayan afectado la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea y que, junto a esto, se requiera de una reinterpretación de la historia. Para comprenderlo cabalmente, hay que recordar que México ha cambiado vertiginosamente desde mediados del siglo XX, y aunque los historiadores profesionales se han dado a la tarea de reinterpretar la historia de México y de hacerla llegar al gran público, aún existen vetas inexploradas como es la historia de la Armada Nacional. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que durante mucho tiempo se han privilegiado ciertas etapas de estudio, así como personajes e instituciones y se han marginado a otros que resultan de vital importancia si se quiere conocer con profundidad la historia de México. Un ejemplo de lo anterior, es la escasa producción historiográfica en torno a la historia de la Armada de México, y en general de la historia marítima del país, con todo que las costas mexicanas, han sido escenario de grandes sucesos históricos para el país, además de sus riquezas naturales.

La Historia de la Armada de México no se puede analizar, si no la relacionamos con la historia nacional y en particular con la historia del propio Estado Mexicano; sobre todo en un país cuya visión ha sido más terrestre que marítima, no obstante los grandes litorales que rodean a México. Siendo esta, una de las primeras razones que justifican la creación de esta página de Historia Marítima y Naval, ya que México es un país con fronteras marítimas extensas que deben vigilarse y preservarse por ser una fuente de riqueza natural muy importante.

Volviendo a la historia de México, como se sabe, ha sido una historia rica y plagada de procesos complejos que han delineado y perfilado su fisonomía hasta la actualidad. Se puede decir, que ha sido una historia difícil, llena de contradicciones y de grandes pérdidas; una historia accidentada, de sometimiento, pero también de liberación y de progreso social; una historia de errores y aciertos, pero también de logros indiscutibles que otorgan al México del Siglo XXI un sello distintivo que la hace diferente al resto de las historias nacionales. Con todo y sus vicisitudes, la historia nacional, es en gran parte la historia del Estado, y en este sentido, hablar de éste, es hacer referencia ineludiblemente a sus instituciones y a las estructuras sociales, económicas, políticas y militares. No obstante, aún existen vacíos historiográficos importantes en relación con la historia del Estado y uno de ellos, es precisamente el relacionado con la historia de la Armada cuya evolución y desarrollo, ha estado estrechamente vinculada a la historia del país y a sus principales coyunturas históricas.

Por citar de forma breve algunos hechos históricos que dan cuenta de la presencia de la Armada Mexicana podemos hacer referencia que nació como una de las primeras instituciones del Estado en el año de 1821 y que muy pronto tuvo que hacer frente a las intervenciones de las grandes potencias extranjeras que México enfrentó a lo largo del siglo XIX y principios del siglo XX.

Correspondió a ella, consolidar la independencia nacional en 1825; hacer frente a la Armada francesa en 1838, cuyos motivos de guerra eran de tipo económico (obtención de contratos de navegación y de comercio en términos de nación favorecida). Combatió a los estadounidenses en la guerra de 1846-1848, en una de las guerras más injustas y desiguales que haya tenido México, y cuyo objetivo respondía por parte de los norteamericanos a un proceso de expansión territorial (que incluía extensos yacimientos petrolíferos, puntos de salida al mar para el establecimientos de puertos, y excelentes tierras agrícolas). El imperialismo norteamericano se hizo evidente. México perdió la mitad de su territorio. La Armada Mexicana enfrentó a las tropas norteamericanas en Alvarado, Veracruz y otros puertos del Golfo de México. Repelió en 1914 de nueva cuenta a los norteamericanos, en donde se involucraron de segunda vez, intereses económicos en torno al petróleo, pero también de índole política, que llevó a Estados Unidos a intervenir constantemente en los gobiernos de Porfirio Díaz, Francisco I Madero y de Victoriano Huerta, a la par que intervino en el curso de la Revolución Mexicana. La noticia que en el Vapor Ipiranga venía un importante cargamento de armas para Huerta precipitó una segunda intervención que ya estaba planeada desde mucho antes, en un pueblo indefenso ante el poderío de la flota naval norteamericana. No obstante, el pueblo porteño de Veracruz se convertiría una vez más en defensor del territorio nacional junto con los cadetes de la Escuela Naval.

Y si bien estas intervenciones se estudian en la historia oficial que se imparte en los tres niveles de educación (básico, medio y medio superior), es también cierto que no figura la participación de la Armada Mexicana, aunque la historia de esta institución sea parte de la historia nacional y en particular tenga presencia en las intervenciones extranjeras señaladas.

Sin embargo, la historia de la Armada Mexicana no se detiene con las intervenciones, ya que apoyó, para dar fin a las sublevaciones en Tabasco, Texas y Yucatán en el siglo XIX; que de igual forma, coadyuvó a la solución en el conflicto de Castas, a la delimitación de la frontera con Belice y a la creación del Estado de Quintana Roo. Que asimismo, participó durante la Revolución Mexicana a favor de los constitucionalistas y durante la Segunda Guerra Mundial en pro de los aliados en uno de los conflictos más dramáticos que ha sufrido la humanidad.

Por otra parte, las fuentes históricas registran que la Armada Mexicana fue actor importante en las acciones navales que se desarrollaron entre 1825 y 1829 al mando del Comodoro David Porter en contra de España. Que realizó la Armada uno de los primeros viajes de circunnavegación alrededor del mundo con la Corbeta Zaragoza, en una época en donde este tipo de travesías sólo la realizaban las Armadas más potentes de la época. El proyecto de modernización del Presidente Díaz que buscaba una modernización integral donde incluía a la Marina de Guerra y Mercante. Las propuestas que hizo el Vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio por dotar de un proyecto institucional a la Marina que incluía la compra de doce unidades con la tecnología del momento, la creación de la Escuela Naval en 1897, los proyectos de modernización de los principales puertos de México; la propuesta del contenido del artículo 32 ante los constituyentes de 1917, donde se dió solución a un problema de larga duración del siglo XIX y que era la nacionalidad de nuestros marinos, que tendrían, que ser mexicanos por nacimiento a partir de ese momento. A grandes rasgos, éstos son, sólo algunos de los eventos en que la Armada ha estado presente y que justifican su estudio y su difusión.

Importancia de la historia marítima

Sin embargo, también existe la otra faceta de la historia, que aunque más conocida que la naval, se le ha restado la importancia que merece: nuestra historia marítima y cuya relación con la marina de guerra es evidente. Sin profundizar, podemos decir, que desde los tiempos del México Prehispánico, el arte de la guerra y la navegación estuvieron presentes, con sus propias particularidades y limitaciones. Pese a la geografía accidentada de México, se sabe que el comercio motivó la navegación de cabotaje y la existencia de puertos de intercambio donde se adquirían objetos de gran diversidad, llegados de lejanas regiones y no obstante, que en Mesoamérica predominó el desarrollo de los caminos terrestres, resultó bastante eficaz la comunicación acuática, no sólo por la posibilidad de cubrir mayores distancias, sino porque aumentaba considerablemente el volumen y peso de las mercancías que podían transportarse. Se sabe que en la ciudad de México-Tenochtitlán, entraban cuatro mil canoas diarias. Por otra parte, se sabe que durante la conquista se desplegó una importante batalla naval en el Lago de Texcoco para someter definitivamente a Tenochtitlán.

De acuerdo a los registros históricos, el tipo de embarcación que más se usaba en el México Prehispánico eran las canoas de poco calado, hechas de un solo tronco y que se impulsaban con pértigas ya que al parecer el uso del viento y de la vela fue tardío. Después de la conquista, comienza el otro gran tramo de la historia de nuestro país en materia marítima: la realización de una serie de expediciones posteriores, que condujeron al descubrimiento de nuevas rutas de navegación en el Océano Pacífico, siendo una de las más importantes la que se logró establecer con las Filipinas a través del Galeón de Manila. De esta forma se iniciaban relaciones de tipo comercial con el Oriente.

Durante los 300 años de dominación española se asiste a la conformación de un sistema de flotas, al establecimiento de ciertos puertos como puntos de enclave; la creación de un sistema de defensa ante los ataques constantes de piratas y corsarios: la creación de la Armada de Barlovento (la defensa móvil) y de las fortificaciones con Castillos que fungían como centinelas e inclusive con el levantamiento de murallas como ocurrió en el Puerto de Veracruz. A grandes rasgos, éstos son algunos de los aspectos que se pueden y deben estudiar e insertar también para este tramo de la historia. Respecto a la historia marítima del siglo XIX y XX, se puede apreciar un estado de decadencia para la Marina Mercante aún cuando el Estado Mexicano haya intentado en diferentes momentos reactivarla. Aquí se tiene que enlazar necesariamente con el análisis cuidadoso de las leyes de navegación para la Marina Mercante que se emitieron y que las ponía en completa desventaja ante las extranjeras que monopolizaron esta actividad. Cómo puede observarse, a grandes rasgos se ha bosquejado algunos de los aspectos que consideramos son importantes y que merecen ser estudiados, analizarse y ser difundidos.

La falta de una conciencia marítimo-naval en la sociedad mexicana y su impacto negativo en la historiografía nacional.

Aunque la Secretaría de Marina está consciente de la importancia de su pasado histórico y de la relevancia de sus funciones cómo garante de la soberanía y la seguridad nacional; a las que se agregan la vigilancia del mar patrimonial, el apoyo a la población civil en casos de siniestro, la lucha contra el terrorismo, el narcotráfico y el crimen organizado. No obstante la trascendencia de sus funciones como fuerza castrense, aún así, hay quienes, en pleno siglo XXI, se pregunten el por qué y para qué de la Armada de México. Se cuestionan su importancia, argumentando que en la historia oficial y la de las universidades inclusive, no se hace grandes referencias a ella.

Ciertamente, habrá quienes sencillamente no la conozcan. Y otros inclusive, se cuestionen su presencia, argumentando que nuestro país es pacifista, no bélico, luego entonces, ¿para qué necesitamos una Armada? Lo que nos remite, a una cuestión fundamental en México: la ausencia de una visión marítima y de cultura naval, no obstante que México es un país que se encuentra rodeado por los dos océanos más grandes del mundo y que históricamente las intervenciones extranjeras en nuestro país han sido precisamente por mar. México tiene acceso a los dos océanos más grandes del planeta (el Atlántico y Pacífico) con sus inmensas reservas de riqueza pesqueras y petroleras, que debiera ser uno de los medios más importantes para la nación para generar fuentes de empleo y un verdadero poder marítimo. Tiene nuestro país un mar territorial de 12 millas y una Zona Económica Exclusiva de más de tres millones de kilómetros cuadrados. Luego entonces ¿por qué no tenemos una cultura marítima-naval? ¿Por qué cuando la mayoría de los mexicanos piensa en mar lo relaciona con vacaciones y playa? ¿Por qué no podemos ver que nuestros mares son también territorio como el interior del país?

Históricamente hablando, podemos decir, que pese a nuestro legado marítimo de los tiempos prehispánico y colonial, no se consolidó en la gran mayoría de los mexicanos una visión marítima, dado que la mayor población se concentró en el interior y no en las costas. Esta mentalidad también predominó en la gran mayoría de los gobernantes en México quienes han dado un mayor peso a los asuntos del altiplano. Esa visión también ha repercutido en los planes de estudio de la enseñanza de la historia. Lo que ha incidido gravemente en ese vacío historiográfico en torno a esta Institución tan importante para el país. Nuestros historiadores se han inclinado por el estudio y la investigación de la historia terrestre.

Podemos sintetizar, entonces, que el estudio de la Marina de Guerra en México no ha sido abordado con amplitud dentro de la historiografía nacional, por carecerse de esa tradición marítimo-naval. Aún, cuando esta débil presencia guarda una clara asimetría con su significación histórica ya que estudios sobre las Armadas de Europa y los Estados Unidos han mostrado la relevancia de estas instituciones en la historia de sus países, a la par que han evidenciado que los países marítimo-navales han crecido históricamente más rápido que los terrestres. La Marina de Guerra en México es una de las instituciones más antiguas que aparecieron en el México Independiente ya que emergió a la luz pública en el año de 1821; sin embargo, pese a sus 186 años de existencia, su historia es poco conocida. Por tanto, resulta imprescindible que la sociedad entera conozca la razón de ser, de esta fuerza castrense, en donde, las circunstancias históricas han definido su participación en el acontecer nacional, otorgándole a la vez, su propia configuración. Por ello su difusión se hace imprescindible y será más provechosa si puede llegar a un público amplio donde el ciberespacio se convierte en un vehículo eficaz para tal fin pues rebasa todas las fronteras geográficas y culturales.