Siglo XIX
México que había realizado su independencia de España después de una larga lucha de once años, al emerger a la vida independiente se encontró falto de los elementos necesarios para constituirse en una verdadera nación y tuvo que iniciar su ruta a través de un dramático periodo de anarquía y luchas políticas, en busca de la fórmula que sirviera para construir la nacionalidad. A este problema, se agregarían los esfuerzos por conservar la integridad del territorio ante los amagos extranjeros cometidos contra México.

Y aunque Agustín de Iturbide había logrado consumar la independencia el 27 de septiembre de 1821 de una forma pacífica forjando un consenso entre los principales factores de poder de la sociedad novohispana, la realidad era que persistían las profundas divisiones que habían surgido desde 1810. Al antagonismo entre los que deseaban un rompimiento total con España y el pasado para crear una nueva nación alejada de las desigualdades e injusticias del régimen colonial, y los que aspiraban a obtener un autogobierno y conservar las viejas estructuras aunado a la carencia de la experiencia en el ejercicio de gobernar y la falta de acuerdo sobre el proyecto de nación, conducirían primero al enfrentamiento político y luego al militar entre liberales y conservadores.
A la pesada herencia del legado colonial, se agregaban las consecuencias de los once años de la lucha de independencia cuyo efecto más visible era la bancarrota que enfrentó México al emerger a la vida independiente. Las complejidades domesticas se complementaron con un cuadro exterior nada halagüeño, ya que no sólo se presentaba como difícil, sino hostil y amenazante a la seguridad nacional de México.
La primera dificultad fue con España, que no reconocería nuestra independencia hasta 1836 y que en quince años, efectuó dos intentos de reconquista: uno en Veracruz entre 1821 y 1825 al tomar un grupo de españoles el Castillo de San Juan de Ulúa. Intento fallido ya que España no lo lograría debido al tenaz esfuerzo del gobierno mexicano por hacer capitular a estas fuerzas a través de su incipiente Armada, lográndose su rendición hasta el 23 de noviembre de 1825 en que el capitán de fragata Pedro Sainz de Baranda al mando de la escuadrilla de la Marina Mexicana consolidaba nuestra independencia. El otro intento infructuoso y de menores costos y repercusiones sería en 1829 en Cabo Rojo.
Sin embargo, las peculiaridades de la posición geoestratégica de México y sus riquezas naturales pronto alentarían a las potencias europeas y a los Estados Unidos para influir e intervenir militarmente en los asuntos del Estado Mexicano. Esta situación hizo ver al gobierno nacional la importancia que adquiría la Armada en la vigilancia de sus costas y en la defensa de la integridad territorial.

El avance de la expansión imperialista y de los fundamentos de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, incidieron para que México fuese blanco de las intervenciones militares de potencias navales como Francia y Estados Unidos. En el caso francés, en 1838 por razones de tipo comercial y en 1862 so pretexto de la deuda externa de México, serían los detonantes de ambas intervenciones en nuestro país, mismas que lastimaron profundamente su soberanía nacional, y que culminaron en el caso de la segunda intervención, en la instalación de un imperio con un monarca extranjero.
Respecto a los Estados Unidos, la guerra que condujo este país contra México entre 1846 y 1848, significó un importante y decidido paso en la ascensión de Estados Unidos como potencia hegemónica a nivel continental, y por el lado mexicano significó no sólo la pérdida del 55% de su territorio, sino también evidenció como las diferencias políticas de la dirigencia mexicana pesaron en la toma de decisiones que incidieron negativamente en la conducción de las operaciones militares, pese a que México obtuvo en diversos momentos de la guerra, algunos triunfos sobre las tropas norteamericanas, como fue en el caso del Puerto de Alvarado, donde los estadounidenses intentaron sin éxito, en dos ocasiones desembarcar en el puerto de Alvarado, ello debido a una buena planeación táctica del capitán de navío Tomás Marín.

En esta sección se encuentran diversos artículos y ensayos sobre las intervenciones extranjeras que tuvo México, pero también otros eventos históricos relacionados con el desarrollo de la marina de guerra durante el siglo XIX, tales como su participación en la demarcación de su frontera con Belice, la creación del estado de Quintana Roo, sobre el primer viaje de circunnavegación que realizó la Armada Mexicana con la corbeta Zaragoza. Asimismo, se incluye la trayectoria del Vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio, que fue uno de los primeros precursores de la Marina Mexicana, correspondiendo a él señalar la problemática y necesidades tanto de la marina de guerra como mercante.